domingo, 11 de noviembre de 2012

buzzcocks: another music in a different kitchen (1978)

album: Another Music in a Different Kitchen (1978)
género: British Punk
componentes: Peter Shelley (voces, guitarra); Steve Diggle (voces, guitarra); Steve Garvey (bajo); John Maher (batería)


Tras unos meses de inactividad bloggera por la que pedimos disculpas, retomamos el apartado musical con revisiones de albums clásicos y bandas para el recuerdo. Hoy queremos rendir homenaje a Buzzcocks, grupo que por estos lares quizás no haya recibido la atención que realmente merece, y en concreto a ese apabullante primer disco  gestado en plena explosión punk británica allá por el año 1978. 


Banda formada en Bolton (Manchester) en 1976 por Peter Shelley y Howard Devoto. La inspiración les sobrevino tras ver una mítica actuación de Sex Pistols en su ciudad natal, precisamente propiciada por ciertos contactos de Shelley y Devoto. Entre el escaso público de este concierto se encontraban un ávido de novedades Ian Curtis, con unos incipientes Joy Division o Tony Wilson, entre otros.


El nombre del grupo, 'Pollas Zumbadoras' fue elegido tras leer nuestros protagonistas una crítica que una revista hacía de una serie televisiva, con el titular 'It's the buzz, cocks!!'. En realidad, 'Buzz' hace referencia al zumbido de energía distorsionada generado en el escenario, y 'Cocks' es una denominación informal de colega o amigo en la zona de Manchester y aledaños. 

Ese mismo año estos estudiantes debutaron en su propia escuela, acompañados por Garth Davies al bajo y Mick Singleton a los platos, aunque esta primigenia formación no trascendería de aquella noche de estreno del primero de abril de 1976. Tres meses después, con nuevo bajista, Steve Diggle, presentado a los Buzzcocks por un Malcolm Mclaren que ya había puesto su comercial ojo en los de Manchester y un batería de tan solo 16 años llamado John Maher. 

Para esta segunda actuación el inquieto Shelley tuvo la ocurrencia de invitar a los Pistols a su ciudad natal, a fin de que los Buzzcocks les telonearan, lo que sin duda conformaba un escaparate inigualable para la todavía incipiente escena punk británica. Peter Shelley declararía en una entrevista en 2009: 'En realidad sólo llegamos a hacer un show con ellos en el "Anarchy Tour". La historia es que The Damned abandonaron la gira, nos telefoneó Malcolm y nos dijo si nos podíamos acercar al hotel. Fuimos al hotel y de allí nos fuimos todos a un pub, el Tommy Duck's, en el que tenían ropa íntima femenina colgada del techo. Sin duda un lugar curioso que tristemente fue cerrado. El caso es que nos juntamos The Heartbreakers, The Clash, Sex Pistols y Buzzcocks todos allí para tomar una copa, pasamos una noche estupenda la noche anterior al concierto. Y al día siguiente el concierto genial, Manchester estaba bien preparada para la ocasión'.

El Anarchy Tour sería todo un éxito, y espoleados por el mismo, los Buzzcocks alquilan un estudio, y graban en un 16 pistas el que sería su carta de presentación autoeditada, gracias a la ayuda de los tercios del padre de Shelley, su primer ep de cuatro cortes: 'Spiral Scratch' (1977), primer y prometedor lanzamiento con su propio sello New Hormones. De la producción se haría cargo Martin 'Zero' Hannett, quien algo más tarde llegaría a ser un afamado productor de la muy interesante escena local, haciéndose cargo de la supervisión de discos de Joy Division, OMD, Magazine, The Durruti Column e infinidad de referencias principalmente del Manchester de aquel tiempo, aunque también de otros lares, como en el caso de su colaboración con U2 o The Psychedelic Furs. 



Volviendo a Buzzcocks, tras el debut Devoto abandona el combo aquejado de otras inquietudes artísticas alejadas de lo estrictamente musical, aunque poco después engendraría esa otra banda de tintes más encaminados a la new wave de nombre Magazine. Sería sustituido como vocalista por Shelley, que combinaría esta faceta sin dejar de lado su afilada guitarra. Por su parte, Diggle deja de lado el bajo para hacerse cargo de la otra guitarra, y Davies retoma la banda al bajo. En esta más estable época hacen numerosos conciertos y giras ya en plena explosión punk, y también graban alguna que otra sesión con el omnipresente John Peel. Es entonces cuando firmen con la discográfica United Artist y editan su primer single: 'Orgasm Addict'. Garth Davies sería poco después expulsado de la banda por su incontinencia con el alcochol, siendo reemplazado por Barry Adamson, proveniente de Magazine, y cuya duración en la banda fue bastante fugaz, reemplazado por un rescatado Steve Garvey.

Ya con esta formación estable editan su segundo single 'What Do I Get'. Poco después ve la luz si primer album, protagonista de nuestra entrada de hoy: Another Music in a Different Kitchen, un disco lleno de temas tan potentes como frescos, y con letras llenas de ironía, descreimiento y riffs pegadizos. Fue producido por Martin Rushent, quien ya había trabajado con esos legendarios muchachos del glam rock llamados T. Rex.


El propio Shelley comentaba acerca de este album: 'Es muy surreal y dadá, que eran los elementos que explorábamos entonces. El título es una especie de corta y pega del título de una obra de arte de Linder Sterling titulada 'Housewives Choosing Their Own Juices in a Different Kitchen' (Amas de Casa Escogiendo sus Propios Zumos en una Cocina Diferente)'. 

El disco llegó a un nada desdeñable número 15 en las listas británicas de ese año, lo cual les situaba en el disparadero del género, y más tratándose de un long play de debut. El disco, no exento de pinceladas de pop, energía a raudales y punk recalcitrante, contiene himnos de la talla de No Reply, Sixteen o del mítico Autonomy, unos cuantos años después rememorada con una versión realizada por la banda americana de punk rock The Offspring. 


Ese mismo año 78 publican su segundo lp, Love Bites, que incluye el hoy mítico tema Ever Fallen in Love, quizás la canción más conocida del grupo. El año siguiente v e la luz 'A Different kind of Tension', otra joyita repleta de trallazos directos y contundentes digna de revisión. En 1981, desavenencias varias con la discográfica EMI precipitaron la disolución del grupo. Shelley abordó en un proyecto alternativo el mundo del synth-pop, y el resto de componentes formaron grupos más o menos afortunados, hasta que en 1989, deciden reagruparse como Buzzcocks, con algunas alteraciones entre los componentes a lo largo de los años siguientes. 


Discografía básica: 

-Another Music In A Different Kitchen. (United Artists, 1978)
-Love Bites. (United Artists, 1978)
-A Different Kind Of Tension. (United Artists, 1979)
-Singles Going Steady (recopilación). (IRS, 1979)
-Homosapien, c/Pete SHELLEY. (Arista, 1981)
-XL-1, c/Pete SHELLEY. (Arista, 1983)
-Heaven And The Sea, c/Pete SHELLEY. (Mercury, 1986)
-Trade Test Transmission. (Essential, 1993)
-French - Live In Paris 12th April 1995 (IRS, 1995)
-All Set. (IRS, 1996)
-Modern. (Go Kart, 1999)
-Buzzkunst, c/SHELLEY DEVOTO. (Cooking Vinyl, 2002)
-Buzzcocks. (Cherry Red, 2003)
-Flat-Pack Philosophy. (Cooking Vinyl, 2006)



sábado, 16 de junio de 2012

the birthday party: prayers on fire (1981)

album: prayers on fire (1981)
género: post-punk, otros
componentes: 
Mick Harvey (guitarra)
Rowland S. Howard (guitarra)
Tracy Pew (bajo)
Phill Calvert (batería)
Nick Cave (voces)



Esta reseña la vamos a dedicar a uno de los grupos más extraños y personales de ese cenagoso y variopinto terreno que es el punk en su más amplio sentido. Cuando buena parte de la atención que suscitaba este cambio de rumbo y de conceptualización de la música durante la segunda mitad de los  70 estaba centrada principalmente en los prolíficas escenas asociadas al género en Reino Unido y EE.UU., no faltaba un sinfín de propuestas en diversos países a los que a menudo sólo se ha hecho justicia en 'recopilatorios nostálgicos' realizados en las dos últimas décadas. En Australia se cocía una escena punk cuya calidad y reconocimiento quizás fue eclipsada en un primer momento por las industrias a ambos lados del charco, con grupos como The Saints, Last Words o ese grupo que en un primer momento se llamaba The Boys Next Door. Los componentes de este combo eran Mick Harvey y Rowland S. Howard a las desquiciadas guitarras, Tracy Pew al bajo, Phill Calvert sentado a la batería y un entonces vampírico y chupado personaje llamado Nick Cave como frontman y aullador vocalista. Venían todos de familias  pudientes y estudiaban en el mismo colegio privado para chicos en la ciudad de Melbourne. Pero a estos taciturnos mozalbetes les interesaba más la música, la provocación y las sustancias nocivas que las aburridas clases de religión. Ya en 1973 se inauguraron con la que fue su primera formación. Dos años después Tracy Pew entra a formar parte del combo, que será completado con la incorporación de Howard en 1978.



Debutaron con un ep y un primer album de 1979 llamado Door Door. Ambos tuvieron buena acogida en su país. En 1980 se trasladaron a Londres, a intentar mover su  proyecto allende sus remotas y australes latitudes. Fue entonces cuando cambiaron el nombre  por The Birthday Party. Esta idea, según la biografía de Cave, estaba inspirada en un fragmento de Crimen y Castigo de F. Dostoyewski. El disco homónimo de ese mismo año tuvo cierta resonancia en Inglaterra, lo que garantizaba un pasaporte para acabar desembocando en numerosos pabellones auditivos de frikis melófagos de un buen puñado de paises. El reputado periodista musical John Peel, que pronto se fijó en ellos, también contribuyó a su reconocimiento. Ser nombrado por Peel multiplicaba rápidamente la fama y las ventas de un grupo. No obstante, su arriesgado proyecto se encontraba a años luz de cosechar las ventas de grupos de punk más accesibles y no por ello peores o desdeñables. Tampoco daba la impresión de que buscaran algo que fuera mucho más allá que hacer las canciones que les placiera sin restricciones contractuales. Por otro lado, en el año 80 el punk está más que superado, viviendo ya una segunda fase, más en consonancia con las nuevas tecnologías, la fusión  con otros géneros, y la irrupción de la denominada new-wave. Por aquel entonces había profusión de grupos con sus particulares aportaciones al género, más o menos obvias o afortunadas, según el caso. este debut provocó críticas favorables y tuvo más éxito del esperado en un principio. 

Caracterizaba a estos inadaptados e inquietos jóvenes australianos el honor de no parecerse a ningún otro grupo conocido, pese a que a primeros de los 80 las bandas dedicadas al género se podían contar por cientos de miles. Combinaban una elegante decadencia con cierta desverguenza y buenas dosis de provocación, mezclando con naturalidad el punk con música de cabaret pasada de vueltas y un estilo oscuro, escasamente comercial y de cierta complejidad compositiva, escondida tras un muro de ruido distorsionado, un calculado caos sonoro que evidencia unas mayores dotes técnicas de lo que puede parecer. Esta muestra de blues-punk alucinado va más allá de cualquier delimitación definitoria.



En 1981 ve la luz su segunda criatura desde que cambiaran de aires y nombre, Prayers on Fire, disco que tuvo una aún más calurosa acogida y es, para muchos, su obra más emblemática. Editado con el británico sello 4AD, responsable de referencias de Pixies, Dead Can Dance y otros muchos, es un disco difícil de digerir aunque lleno de rasgos distintivos, mucha ironía descarnada en las letras y  atmósferas ruidistas que culminan en delirios atormentados. Su intensa oscuridad no da cuartel durante los 40 minutos de duración. El disco empieza con Zoo-Music Girl, una desparramada introducción post-cabaretera con la batería como protagonista que da buena cuenta de que la que se avecina se sale con holgura del tiesto de lo típico y habitual. El sexo, la religión, las drogas y otros temas son escupidos con ironía y altanería por un Cave que ya desde sus inicios daba muestras de un importante talento para la lírica, con esa actitud que mezclaba lo siniestro con la subjetividad psicotrópica, de interminables noches errantes frecuentando el lumpen urbano. Solo por temas como ese grito de desesperación que es Cry, la delirante A Dead Song o King Ink, para un servidor el mejor tema del album, y quizás de la banda, merece la pena dar una oportunidad a este disco, que probablemente más de algún punk-adicto o devorador de 'inmundicias sonoras no convencionales' que lea estas lineas no tenga el placer de conocer. 


Un año después deciden cambiar de aires y se mudan a Berlín Occidental, donde, tras grabar su tercer y último album en el viejo continente (Junkyard, 1982) surgen desavenencias insalvables que precipitan la disolución. Antes del punto y seguido colaborarían con bandas de la escena berlinesa underground como los (en su día) industriales Einstürzende Neubauten o la polifacética Lydia Lunch. Phil Carvert fue expulsado -al parecer- por no satisfacer las espectativas del grupo en cuanto a su su aportación a los platos del tema Dead Joe. Fue sustituido por Harvey, que también se las apañaba -y nada mal- con la batería. Mientras, el bajista Tracey era arrestado por conducir borracho y sería sustituido hasta su fugaz reincorporación, interrumpida definitivamente por su fallecimiento unos meses después. Estos hechos, y las desavenecias entre Cave y Howard, aderezadas por el consumo descontrolado de heroína y otras lindezas colaterales les llevó a tomar derroteros distintos. Howard formaba Crime &  the City Solution, otra interesante propuesta sonora, y Cave -en ese típico acto de megalomanía que lleva a anteponer el propio nombre al del resto de la banda- formaría Nick Cave & the Bad Seeds, cuyo primer disco 'From Her to Eternity', -que aún conserva ciertos ramalazos esquizoides de la anterior banda- también recomendamos encarecidamente. El último proyecto de Cave, compaginado con novelas y algun que otro trabajo como realizador de cine, es Grinderman, donde, en cierto modo, vuelve a buscar un sonido afilado y contundente de sus orígenes -salvando las distancias- y también merece su escucha. 



miércoles, 13 de junio de 2012

frenofobik presenta... más allá del punk

¿¿qué mejor para un anodino y caluroso día de junio -aparte de los consabidos tocamientos- que algo de música para amansar a la fiera interior??? frenofobik ha tenido la amabilidad de remitirnos una de sus sesiones. esta vez es un homenaje al punk menos convencional y más heterodoxo de las décadas de los 70 y 80 (concretamente desde que The New York Dolls hicieran en 1974 esa increible versión del Stranded in the Jungle gestado por The Jay Hawks casi dos décadas antes hasta el post-rock ruidista de parte de Big Black (aka Steve Albini) mediada la década de los 80). Sin olvidar un hueco para algunas genialidades compuestas años antes del 77 (New York Dolls, Dictators, Television...) y principalmente, dando especial protagonismo al  post-punk en sus múltiples vertientes (Gang of Four, Buzzcocks, Wire, The Birthday Party...), algunos trallazos de diversa procedencia con demoledoras voces femeninas y afilados riffs (X-Ray Spex, Nina Hagen, The Runnaways), el lado oscuro del que emergen Siouxsie & the Banshees, The Fall o A Certain Ratio, o interesantes aportaciones 'sui generis' de bandas que no pertenecen propiamente a ninguno de los estilos mencionados (Pere Ubu, Minutemen, Magazine, Big Black). Por supuesto, ni están todos los que son ni son todos los que están, pero no nos queríamos enrollar más de una hora, tiempo más que razonable para dar cabida -esperemos que sin aburrir- a 20 temas, algunos de un par de minutos y otros más 'explayados'. Buena parte de los enlaces entre canciones y algunas intros son samples, aportaciones de la casa y demás... gracias a la inestimable ayuda del secuenciador Live! Debajo adjuntamos el tracklist.... esperamos sea digna de vuestras mercedes


01_the cramps__green fuzz (1981)
02_the dictators__two tub man (1975)
03_buzzcocks__autonomy (1978)
04_gang of four__damaged goods (1979)
05_the runnaways__cherry bomb (1976)
06_mission of burma__laugh the world away (1982)
07_nina hagen__born in xixax (1982)
08_minutemen__cut (1978)
09_television__friction (1977)
10_x-ray spex__oh bondage up yours! (1977)
11_wire__on returning (1978)
12_the fall__l.a.(1985)
13_the birthday party__cry (1981)
14_the new york dolls__stranded in the jungle (1974)
15_a certain ratio__crippled child (1979)
16_pere ubu__life stinks (1978)
17_magazine__sweetheart contract (1985)
18_siouxsie & the banshees__love in a void (1981)
19_swell maps__midget submarines (1979)
20_big black__stinking drunk (1985)

viernes, 25 de mayo de 2012

entrevistas tóxicas... jess franco


nuestro irremplazable redactor Leandro Gado realizó una entrevista al cáustico director de cine Jesús Franco, más conocido internacionalmente como Jess Franco, realizador de culto de cine b, bizarrismos y películas clasificadas varias, que tenemos el placer de incluir en nuestros contaminados dominios virtuales. 


Con una de las más inabarcables filmografías del cine español, la legendaria laboriosidad de este viejo enemigo de la dictadura resulta desplegada en todo orden de producciones, con predilección por el género fantaterrorífico en todas sus facetas, espacio idóneo para la inclusión de su particular concepción del erotismo. La ingente impronta de un cineasta de culto por antonomasia, a cuyas ordenes han trabajado interpretes como Klaus Kinsky, Christopher Lee, Jack Tylor, Howard Vernon, Fernando Fernán Gómez, Fernando Rey, Teresa Gimpera, Soledad Miranda, Lina Romay o Santiago Segura, es revisada, una vez más, en las obras recientemente publicadas por Carlos Aguilar y Diego Canot. 

Guionista, actor, productor, montador, músico y, por supuesto, director, Franco se muestra eficaz especialista en el uso de un zoom que aproxima a la intimidad de sus “víctimas”. También es un consumado fabricante de dimensiones irreales y atmósferas bizarras. La exploración de su heterodoxa producción rebosa tributos a monstruos clásicos de la productora Universal de los años treinta y cuarenta y el expresionismo germano de los veinte, períodos que domina con maestría catedrática. Franco contribuirá con un nuevo villano, el Doctor Orloff, protagonista de la saga que arranca en 1961 con Gritos en la noche (L´horrible D. Orloff) culminando en 1988 con Los depredadores de la noche. Un lustro después su onírica Necronomicón (Succubus) es elogiada por Fritz Lang tras su presentación en el festival de Berlín. 

Desde fines de los setenta muchos de sus films fueron clasificados “S” o “X”, aunque sus incursiones en el auténtico porno resultaron exiguas. Su dilatado repertorio no suele dejar indiferente y sus no pocos detractores se contraponen a la legión de seguidores repartidos por un buen puñado de países de varios continentes. Prolífica obra que le llevó a estrenar bajo pseudónimos, tanto masculinos como femeninos, por recomendación de las productoras cuando se lanzó al bajo presupuesto, llegando a firmar siete producciones anuales, que fue sometida a público reconocimiento con la concesión de un Goya honorífico en 2009, con los subsiguientes homenajes y ciclos a ambos lados del Atlántico. Tras Killer Barbys (1996), acometió el rodaje de varios films en Estados Unidos. Paula-Paula (2010) es su último trabajo hasta la fecha.


L: Cursaste estudios de piano en el Conservatorio de Madrid, así como una licenciatura en derecho, además de ejercer como novelista y actor teatral antes de una inicial formación audiovisual en París. ¿Qué decantó o encaminó a la cinematografía, especialmente a la serie “B”, a un muchacho criado en los duros años de la posguerra? 
JF: Tenía afición al cine desde que era un enano, desde los ocho años. Vivía en Madrid durante la guerra y no había muchas oportunidades para un crío divertirse. Lo único que teníamos era un par de cines de sesión continua, muy barata. Allí ponían películas del Oeste y empecé a ver cine. Querían encaminarme a una escolástica que no era la que yo entendía, quería ser independiente mentalmente y el conglomerado totalitario hizo que empezara a interesarme más seriamente por el cine. Y por la música como algo paralelo, por mediación de mi ya fallecido hermano Enrique, luego primer crítico musical que tuvo el periódico El País. Yo aprendí música dándole el coñazo a él. Después pasé al conservatorio donde estudié primero solfeo y luego armonía. A pesar de que yo era un chaval notaba la falta de libertad. Tenía 14 o 15 años y muchas ganas de conocer bien la música y el cine. Respecto al segundo me di cuenta muy pronto de que era muy difícil con la censura de aquel momento y los problemas de películas prohibidas y todo eso. Llegué a la conclusión de que lo que tenía que hacer era irme a París y me fui. Así, nunca tuve la autorización de mi padre para irme, ni nada, pero me fui. Aguante un tiempo largo y aprendí. Me metí en el mundo de la cinemateca de París, viéndome todas las películas que podía y trabajando en cualquier cosa. El París de aquellos primeros años cincuenta era una maravilla. Para mi era la libertad. España era una islita fascista prohibida en medio del desarrollo que empezaba a tener la democracia en toda Europa. Conseguí que me hicieran caso, colaboré con la compañía Juventud y Reconstrucción, que estaban reconstruyendo castillos en el sur de Francia y me hicieron trabajar un poco. Fue duro por tener poco dinero pero eficaz en el sentido de acceder a cosas que de otro modo no hubiera tenido posibilidad de conocer. Por ejemplo el cine. Vi todo el cine del mundo. El director de la cinemateca, al verme todo el día ahí metido, se interesó por mí y me dio un pase que me duró hasta que volví a España y empecé a trabajar en el cine con Bardem, al que yo conocía de la primera versión de la escuela de cine de Madrid.  Le dí mucho la lata, envié cartas y demás y me dijo que me buscaría algo de poca entidad en la película que estaba preparando. 
L: Cuentas probablemente con el más dilatado curriculum del cine español. ¿Qué es el cine en tu vida aparte de tu trabajo?

JF: Todo. Hay dos cosas en mi vida que son mi mujer y el cine. Luego tengo una especie de vicio colateral que es el de la música, que ha llenado mi vida durante mucho tiempo. Eso es mi vida. Me han preguntado muchas veces si me quería retirar pero yo no puedo retirarme. Yo me retiraré el día que palme porque me retirará el de la funeraria pero yo no. 
L: Trabajaste como compositor de bandas sonoras y ayudante de dirección en títulos de Juan Antonio Barden, León Klymowsky, Luis Saslavsky o Luis García Berlanga, firmando algunos documentales culturales hasta dirigir tu ópera prima, Tenemos 18 años, protagonizada en 1958 por Antonio Ozores y Terele Páez. ¿Qué recuerdos tienes de esa primera etapa? 
JF: Unos recuerdos cojonudos. Lo que tenía eran problemas oficiales. Desde el principio no me tragaron en el ministerio. Se cachondeaban diciendo: 'mira un nuevo Charlot'. Ni siquiera decían un nuevo Chaplin. Escribí la música de mi primera película, Tenemos 18 años, y la grabé. Tocaba la trompeta. Hice casi todo y a ellos les cayó muy mal, “mira el niño”, “el sabiondo éste”. Yo era muy joven y me jodieron la vida. A la película le dieron no de tercera pero si de segunda B, lo que implicaba la imposibilidad de estrenar en cines de primera categoría. Hoy hay libertad para que la gente vea lo que quiera y eso me parece esencial. 

L: Buena parte de tu filmografía pondera el valor metafórico del género fantástico. ¿Crees que el denominado “Terror made in Spain” de los 60 y 70, abanderado por realizadores como León Klymowsky, Amando de Ossorio, Juan Piquer Simón, Jacinto Molina o Jess Franco, ha obtenido el justo reconocimiento desde el entorno académico? 

JF: Yo creo que sí. Lo ha tenido porque era un cine muy malo, no nos engañemos. Ahora se ha querido hacer una especie de homenaje y resurgimiento de eso pero… Ocurre una cosa, el cine español ha sido en general muy malo. Primero por la censura. De una manera aviesa se fomentaban unas películas y otras nada. Ha sido muy flojo. Hay dos etapas en el cine español. Una antes de Bardem y Berlanga y otra después. Ellos fueron una ruptura. El cine de antes era muy malo. Bastante mediatizado. El primer guionista era el general Franco joder. Con eso está dicho todo. Neville era un tío de la UGT antes de la guerra, era un tío de izquierdas pero en el momento que hay el famoso alzamiento nacional de los cojones se cambió de lao. Entonces había películas de alabanza tipo Murió hace 15 años y cosas de esa. Para mí muchos dejan de hacer cine en el momento que cambian de chaqueta. Sin embargo, y a diferencia de otros muchos como el nacional católico Rafael Gil, Edgar Neville estuvo siempre más cerca del mundo de Berlanga, que era un mundo completamente anárquico y muy inteligente. Neville conocía el cine de Hollywood, había estado allí como asesor de las versiones españolas. Fue alguien positivo. Muchos otros acababan haciendo películas del tipo Sin novedad en el frente, pasaban por el aro y eso a mi me cabreaba. 

L: ¿Con que inspiraciones o influencias has contado en tus inicios y a lo largo de tu carrera, aparte de las puramente cinematográficas?

JF: Como te decía la música y también la literatura, pero sobre todo el cine. Creo que la única manera de aprender a hacer cine es ver mucho cine y ejercer de casposo, de traer los cafés, de irte enterando. Pero no de una manera doctoral escolástica. Si no siendo un tío que lo que le gusta es hacer cine y está dispuesto a hacer lo que le pidan para hacer cine. Así yo he conocido a gente muy válida. Cuando yo empezaba no había escuelas y cuando apareció la primera escuela de cine enseguida yo me apunté. No es que sirviera para nada la escuela en sí, porque tenía, por lo general, unos maestros que eran una mierda, pero si fue un punto de encuentro para personas que no se conocían entre sí, entre las que estaban Barden y Berlanga. Brotó un conocimiento entre gentes mucho más modernas casi por casualidad. Si en lugar de ellos hubiera estado, por ejemplo, Serrano de Osma, que también estuvo por allí, y otras gentes de ese tipo aquello no hubiera prosperado. 
L: Sexo y horror conforman un cóctel recurrente aunque la censura franquista obligó a menudo a presentar el primero en forma alegórica o metafórica. ¿Resultó esta circunstancia un factor determinante en tu exilio cinematográfico? ¿Te sentiste perseguido por la censura? ¿Llegaste a sentirte acosado físicamente?
JF: Perseguido a muerte, las primeras ocasiones que tuve de hacer cine me eliminaban un 10% o más, no me dejaban hacer cine. 
L: Gran parte de tu trabajo, fundamentalmente coproducciones, se ha desarrollado en Francia aunque también has filmado con frecuencia en Alemania, Gran Bretaña, Italia, Suiza, Holanda, Portugal y, desde la segunda mitad de los noventa, en Estados Unidos. ¿En que lugar te has sentido más cómodo rodando y a la postre crees que ha sido más reconocida tu labor? ¿Eres la confirmación de que nadie es profeta en su tierra?

JF: De profeta no tengo nada pero todo es por culpa mía. Mi exilio ha sido voluntario. Yo nunca fui perseguido físicamente por la policía ni nada, pero te van quitando y quitando y te joden la vida. Yo decidí marcharme. Conozco muchas lenguas, el francés lo hablo igual que el castellano y el inglés casi. También conozco y entiendo tres o cuatro lenguas más, entre ellas el catalán. Eso me  dio facilidades cuando quería hacer una peli y me ponían pegas, esto no puede ser.., esto está prohibido.., pues me iba a otro país y lo hacía. Fuera había mucha más libertad. Recuerdo especialmente Francia, Estados Unidos y Portugal. Porque en Portugal aun existiendo todavía una dictadura era más benigna. Yo tenía un proyecto que la censura aquí me tumbó y en Portugal conocí a algún pequeño productor. Conseguí que las autoridades de allí me dejaran rodar. No se metían para nada y su presencia era testimonial. Llegabas y decías “quiero rodar aquí esto”, “ah muy bien” y enseguida te daban un permiso y rodabas. Además era baratísimo y una gente encantadora. 

L: En tu cine la violencia es con frecuencia asociada a la humillación, en el sentido de manifestar el dominio y la crueldad de personajes malvados. Constituye ese sadoerotismo, tan presente en films como Necronomicón –Succubus- (1967), Las Vampiras –Vampyros Lesbos- (1970), o El sádico de Notre Dame – Le sadique de Notre Dame- (1979), una de tus mayores obsesiones creativas?
JF: Me gusta mucho esa frase que has dicho pero obsesiones creativas creo que tengo muchas. Yo creo en cuatro o cinco cosas en el mundo y a esas lo que soy es fiel. No quiero decir que esté obsesionado por ellas pero si siento una fidelidad total que me impide traicionarlas. Por ejemplo, en los últimos tiempos del franquismo tuve oportunidades a barullo para desmarcarme un poco de mis ideas y hacer un neofranquismo cinematográfico. Me ofrecieron cosas desde el Ministerio, “vamos a hacer tal película, ¿quieres dirigirla tú?”, “a ver dadme el guión”, y les decía “metéroslo en el culo porque esto yo no lo hago”.  A eso me refiero con ser fiel, a esas pocas cosas yo soy fiel completamente
L: El papel fundamental del vampirismo en tu universo está marcado por el exceso. ¿Constituye tu emplazamiento, a medio camino entre el homenaje, la sátira y el abuso de la cuestión, un pretexto para el erotismo?


JF: ¡No!, es al revés. Considero que el erotismo está implícito en todo lo que es expresionismo. Prefiero hablar de expresionismo que de vampiros y cosas de esas. El cine y la novela expresionista están invadidos por un sexo soterrado y oscuro. Soy un seguidor de ese mundo pero no con intenciones de ningún tipo sino, simplemente, por sentirme adscrito a eso y admirar ese mundo, en el que también entra, de manera secundaria, el surrealismo. Porque soy español y el surrealismo es uno de los mayores logros creativos de este país. 

L: Pusiste en marcha tu propia productora, Manacoa Films, con la que firmaste trabajos como Un silencio de tumba, y, en los últimos tiempos, La cripta de las mujeres malditas. ¿Cuál ha sido el verdadero devenir de esa aventura?
JF: Una mierda. Una mierda porque fue torpedeada por lo que te he dicho. Por no dejarnos hacer las cosas. Me sentía ilusionado porque había obtenido permiso de rodaje para hacer La rebelión de los cordados. Todo cojonudo y, como  hecho adrede, veinte días antes de empezar a rodar con todo en macha, productor español y productor francés, y por oficio del Ministerio… Eso me ha pasado muchas veces. Las dos primeras lo pasé mal porque después de este primer fracaso intenté levantar otra película y me partieron la boca igual. Entonces dije pues me voy. 
L: ¿Cómo recuerdas tus colaboraciones con Orson Welles en Campanadas a media noche y las inacabadas La isla del tesoro y Don Quijote? Los 116 minutos recogidos en tu montaje de ésta última en 1992 no resultaron demasiado bien acogidos por la crítica, ¿a qué crees que se debió? 
JF: No fueron colaboraciones, yo fui un ayudante. Después me convertí en director de la segunda unidad. A Orson le gustaba más que yo fuera director de la segunda unidad. Yo estaba al servicio de Orson Welles. Todo lo que pudiera seguir aprendiendo de aquella fuente insólita e inagotable, bienvenido era. Empezó por Campanadas a medianoche aunque la gente no sabe, porque no tiene porque saberlo, que para Orson la isla del tesoro era igual de importante que Campanadas a medianoche. ¿a que llamas tú la crítica?, hubo de todo. A mi ni me gusta ni me deja de gustar el montaje que, por cierto, no hice yo. Yo era el director de la segunda unidad de esa película, y de la postproducción, pero el montaje lo hizo la que es hoy mi mujer, Lina Romay. Lo hizo ella. Yo estaba por ahí, desde luego, pero el mérito de este trabajo, con el que seguramente yo no hubiera podido, por el coñazo que implica trabajar durante año y pico buscando un rollito que se ha quedado en Bruselas y otro en no sé dónde. Ella sí lo hizo. 

Digo siempre de esa película que no se... si  Orson Welles estuviera vivo estaría muy contento del Quijote, no lo se. Lo digo porque he trabajado con él a diario en una sala de montaje y no dejaba tocar a nadie un metro de material. Había que esperar a que se fuera borracho a la cama y recogerlo todo, ponerlo en orden. No se si ese trabajo ingente se corresponde a uno de los muchos montajes que Orson Welles habría podido hacer, no tengo ni idea. Se que no está lejos porque si alguien ha seguido con fidelidad cada demencia de Orson, o cada idea maravillosa, ese he sido yo. Posiblemente si él lo hubiera hecho le hubiera quedado mejor, seguramente, pero él no lo hizo, y lo que no hizo tampoco fue ayudar a nadie a hacerlo. Nunca dijo “esto lo quiero así y asa”.  Una serie de intelectuales “finos” decían que yo estaba haciendo un desastre con el trabajo de Orson (ton burlón). Pero ¿haber quién cojones tuvo los huevos de ponerse a hacerlo? El trabajo de Lina es el que hay. El único que se ha hecho.  El Quijote de Orson no es el de Cervantes, es otra historia. La versiones que se han hecho del Quijote son si no malas incompletas, casi epidérmicas. A Orson le interesaban los personajes en sí mismos como muestra de la mentalidad española. Es lo que él quería hacer y lo hizo. Lo hizo como dios. No es El Quijote de Cervantes ni lo ha pretendido, pero él no se lo dijo a nadie tampoco. Son casi unas historias filosóficas sobre los personajes de Cervantes. Tampoco Orson buscaba bien acogido por la crítica, iba a impulsos vitales y sintió el impulso de hacer algo sobre esos personajes que adoraba. 

L: ¿Qué opinas de las etiquetas que te han intentado atribuir sin éxito y de las críticas que consideran tu carrera carente de rango evolutivo, a pesar de tus muchos guiños al thriller policiaco, el peplum, la comedia o el cine de aventuras? 

JF: ¿que no ha habido evolución en mi cine? He atacado todos los géneros. Lo que no ha sido mi cine es pedante, creo yo, nunca. He hecho cine de todo género salvo western, que no lo he tocado porque no he querido. Me lo han ofrecido veinte veces y llegué a tener un contrato firmado para hacer un western. Me engañaron los productores. Era una coproductora hispano-italiana y en principio iba a tener no a estrellas pero sí a unos actores b cojonudos. Americanos, de los que iban a caballo bien, de verdad. No era la tontería del italianini andando como un chulito torero de Nápoles. Sergio Leone se salvó porque descubrió un invento, el western fronterizo. Con historias que pasaban en El paso, casi en México. Ya no era la película del oeste tipo John Ford que es el tipo de western que a mi me gusta. Las dos o tres veces que he estado a punto de hacer un western no lo he hecho. Me iban a traer a un actor cojonudo americano y en el último momento los productores decían “te voy a traer en lugar de a ese a Tramontano Benini” y yo decía “métetelo en los huevos”. Y es un problema de andar y de creértelo. No me podía creer de ninguna manera que aquellos paletos de Almería, por el hecho de ponerles encima de la boina un sombrero de cowboy, fueran unos cowboys, no, porque el sombrero es lo de menos. Lo de más es lo que hay debajo del sombrero.  Aparte de eso creo que he abordado casi todos los géneros, incluso ese, quitándole la etiqueta de oeste americano. Alguna película he hecho que transcurre en atmosferas equivalentes como Venezuela y algo así. Tengo un padre mexicano y una madre cubana y estaba muy al tanto de la chorizada tropical que era fácil de vender aquí. 

L: Hace tres lustros anunciaste un proyecto de carácter autobiográfico bajo el título Los casposos. ¿Qué impidió la definitiva materialización del guión y cuál era la intencionalidad que albergaba esta idea?
JF: Es un guión mío que existe y no se pudo hacer. Es la historia de unos casposos. A mi me gusta El hundimiento de la casa Usher, el primero, y me gusta muchísimo el Nosferatu de Murnau. 
L: ¿Lugosi o Karloff?

JF: En principio Bela Lugosi, pero como Karloff hizo un par de joyas maravillosas te diré que fifty fifty. 

L: ¿De los films realizados en este país en las últimas dos décadas, ¿cuál habrías firmado? 

 JF: Ninguno. 
L: ¿Tan mal está el cine español? 
JF: Muy mal, salvo excepciones. 
L: ¿Eres consciente de tu influencia en la cultura underground?

JF: Desgraciadamente lo soy. Me han atribuido cosas que no tengo ni soy aunque eso, en el fondo, ha favorecido que gente joven se haya acercado a algo más o menos underground, más o menos interesante. Es bueno que haya cosas interesantes. 

L: A pesar de tu extensísimo repertorio, ¿te ha quedado algo por enseñar al público?, ¿te has guardado o quedado con ganas de mostrar algo?


JF: Pero si estoy empezando mi carrera, ¿qué dices?, ¿has visto Paula Paula? Es de hace unos meses. Tengo ganas de mostrarlo todo en adelante.  

L: ¿Qué dirías a un cortometrajista novato?, ¿Qué piensas de las subvenciones en el cine?
JF: Pienso que siempre que sea para hacer algo la gente joven está mejor que quedarse sin nada. También considero que las subvenciones pueden matar definitivamente al cine español.  Porque la gente ya no haga películas libres, por sentimiento, por vocación, sino para ganarse las pelas y la subvención. Eso me parece deshonesto y jodido. Pero., es lo que hay. Lo que hay que dejar es que la gente haga lo que quiera, o lo que pueda, no ponerles cortapisas, ni censuras. Todos éstos muchachos de los ministerios lo que quieren es que hagas lo que ellos quieren pero yo eso lo considero una inmoralidad. La gente debe hacer lo que quiera hacer. Libertad total 
L: ¿Algo que añadir?
JF: Hay una cosa que no hemos hablado. Como músico de jazz que soy me tengo que dejar llevar por la improvisación, por mis feelings. Hace tiempo que he desechado la posibilidad de ser un escritor, un realizador frío, sino que digo “a ver que tal me queda éste solo”, y hago una peli. 
Jess Franco se muestra versátil y polifacético intelectual políglota que renuncia a la superproducción poniendo su sabiduría al servicio de un cine barato y experimental. Renuncia a la magnificencia estética proporcionada por el pecunio en beneficio de nuevas experiencias sobre la base de la investigación en el cine. Constituye un contundente ejemplo de cómo el cine se puede acercar a la gente desde el arte expresivo, individualista y popular, ajeno al marketing multinacional. 

Leandro Gado